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Ningún caballo de la Camarga nace blanco, y el gen que los blanquea les sale caro

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En los carteles y las postales son blancos, galopan por el agua, y esa imagen se ha convertido en el resumen de toda una región. Sin embargo, ningún caballo de la Camarga llega así al mundo. Nacen oscuros, a menudo casi negros, y luego se aclaran durante años. No es desgaste ni un efecto de la luz: es un gen, identificado en 2008, del que acabamos de entender que no actúa igual en todos los caballos. Y tiene un precio que los criadores conocen bien.

Ningún potro de la Camarga nace blanco

Un potro camargués recién nacido en las marismas es oscuro. Según las líneas, será castaño oscuro, pardo o casi negro. Nada, en ese momento, deja adivinar el animal claro en que se convertirá. El cambio suele empezar en los primeros meses, alrededor de los ojos y en la punta del hocico, y luego avanza por manchas por el cuello y el cuerpo.

El proceso se alarga varios años. Las referencias de la raza sitúan casi siempre el paso al tordo claro entre los cinco y los siete años, con grandes diferencias de un caballo a otro. Entre medias, el caballo pasa por la fase que todo el mundo conoce como tordo rodado, esos círculos claros rodeados de pelo más oscuro, y después por un tordo claro en el que solo quedan algunos pelos oscuros sembrados en la capa. Dicho de otro modo, la imagen de postal solo muestra el final de la historia.

Lo que pasa de verdad bajo la capa

El caballo no pierde su color, pierde su capacidad de fabricarlo. Cada pelo crece a partir de un folículo alimentado por células pigmentarias. En un caballo tordo, esas células se agotan folículo a folículo. El pelo que vuelve a salir en la muda siguiente sale sin pigmento, es decir, blanco. Como el fenómeno no afecta a todos los folículos a la vez, la capa se despigmenta por zonas, lo que da el efecto rodado.

El detalle que zanja casi todas las discusiones está en otra parte: la piel sigue siendo negra. Mire el hocico, el contorno de los ojos o la parte inferior de la cola de un camargués adulto: piel oscura, ojo oscuro. Es la firma del tordo, y lo que lo distingue de un verdadero caballo blanco, cuya piel es rosada y despigmentada desde el nacimiento. Los blancos auténticos existen, son rarísimos y responden a un mecanismo muy distinto, como recuerda nuestra guía de las capas del caballo (en francés).

Un gen hallado en 2008, un giro en 2024

En 2008, un equipo de la universidad de Uppsala, en Suecia, pone nombre al responsable: una duplicación de unos 4.600 pares de bases en un intrón del gen STX17, que codifica la sintaxina 17. Esta anomalía es dominante. Basta una sola copia para que el caballo encanezca, y un caballo tordo tiene forzosamente al menos un progenitor tordo. El tordo nunca se salta una generación, lo que lo convierte en uno de los pocos caracteres de capa que un criador puede prever sin test. El mismo gen explica que tantos Pura Raza Española nazcan castaños o negros y acaben tordos.

El giro llega el 29 de agosto de 2024. En Nature Communications, la misma escuela sueca, junto con laboratorios estadounidenses de genética veterinaria, demuestra que la duplicación no existe en una sola versión. El número de copias cuenta. Los investigadores describen tres alelos: G1, una sola copia, la versión original, el caballo no encanece; G2, dos copias, encanecimiento lento; G3, tres copias, encanecimiento rápido. La diferencia de resultado es espectacular. Los caballos de encanecimiento lento nunca llegan a ser realmente blancos: se quedan en un tordo rodado que conservan toda la vida. Los de encanecimiento rápido, en cambio, terminan casi siempre completamente blancos hacia los diez años. El análisis abarca unos 1.400 caballos de 78 razas y poblaciones.

Este resultado cambia la lectura de una manada: dos tordos de la misma edad que no blanquean a la misma velocidad probablemente no llevan la misma versión del gen. Y esa diferencia tiene una consecuencia médica.

El precio del blanco: el tumor que viene con él

El tordo no es solo una capa, también es un terreno. Los caballos tordos desarrollan melanomas, tumores de las células pigmentarias, en proporciones sin comparación con las demás capas. La literatura veterinaria indica que alrededor del 80 % de los caballos tordos de más de quince años los tienen, casi siempre bajo la cola, en el periné, alrededor de los labios, en el prepucio o en la región de la ganacha. Las primeras masas suelen aparecer entre los siete y los diez años, mucho antes de ser visibles para un propietario que nunca palpa esas zonas.

El estudio de 2024 aporta aquí el matiz que faltaba. Los caballos portadores del alelo G2, el del encanecimiento lento, presentan una incidencia de melanoma comparable a la de los caballos no tordos: de veinticinco de ellos de quince años o más, examinados por los autores, ninguno tenía. El riesgo elevado va asociado a G3, y es máximo en los caballos que llevan dos copias. El encanecimiento rápido y el tumor viajan juntos, porque es el mismo mecanismo el que se desboca.

Una precisión imprescindible: la mayoría de estos melanomas evolucionan despacio y durante mucho tiempo no tienen consecuencias para el animal, y una minoría se comporta de forma agresiva. La localización, la velocidad de crecimiento y el número de masas son lo que decide, y solo un veterinario puede valorarlo, como detalla nuestro dossier sobre el melanoma del caballo (en francés).

Cómo se juzga un caballo tordo

  • La piel, no el pelo. Hocico, párpados, parte inferior de la cola: piel negra y ojo oscuro significan caballo tordo. Piel rosada y despigmentada significa otra cosa.
  • La capa al nacer. Un tordo nace con color. Si tiene una foto del potro, zanja el debate en un segundo.
  • Al menos un progenitor tordo. El carácter es dominante: no se salta generaciones. Un potro que blanquea con dos padres no tordos debe hacer revisar su pedigrí.
  • La velocidad del encanecimiento. Muy rápido antes de los cuatro o cinco años, o al contrario todavía incompleto a los ocho: es una pista sobre la versión del gen que lleva el animal.
  • La fase de la capa. Rodado, claro y luego a veces mosqueado, con esos pelitos de color sembrados por todas partes. El vocabulario exacto está en nuestra ficha sobre el tordo y sus variantes (en francés).
  • Las zonas que hay que palpar. Bajo la cola, periné, labios, prepucio, ganacha. Una vez al año, con la mano plana, sin esperar a que se vea.
  • La edad del caballo. De siete a diez años para las primeras masas, quince años para la frecuencia máxima. Un tordo mayor se vigila, un tordo joven se documenta.
  • El documento de identificación. La capa figura en él y se actualiza: un caballo declarado castaño a los tres años y claro a los ocho no tiene nada de anormal.

Tordo, blanco, rodado: las palabras cuentan

Decir de un caballo de la Camarga que es blanco no es solo una aproximación de turista, es un error de capa. El blanco verdadero es una capa rarísima, ligada a otros genes, con una piel sin pigmentar desde el nacimiento. Los caballos muy claros que uno se cruza son, en su inmensa mayoría, tordos que han llegado al final de su encanecimiento.

El malentendido reaparece con otras razas, y es justo lo que alimenta el debate sobre la existencia del frisón blanco (en francés). El razonamiento no cambia: mirar la piel, remontarse al nacimiento, comprobar los padres. Observe, de paso, que las capas espectaculares no cuentan todas la misma historia: el dorado metálico del Akhal-Teke no viene de una despigmentación, sino de la estructura del pelo, que refleja la luz. Dos capas notables, dos mecanismos opuestos.

Una raza moldeada por la sal, los toros y una película

El caballo de la Camarga no es una curiosidad cromática: es una raza de trabajo. Vive en manada, en semilibertad, al aire libre todo el año, en tierras inundables de agua salobre y hierba pobre. De ahí conserva un modelo compacto, una cabeza pesada y cuadrada, unos cascos anchos y duros que soportan el suelo empapado, y una sobriedad alimentaria que pocas razas comparten. Quien conozca las marismas del Guadalquivir reconocerá el paisaje, y la vida en libertad del caballo marismeño. El estándar de la raza lo sitúa entre 1,35 m y 1,50 m a la cruz, con un peso adulto que las descripciones del sector sitúan entre 350 y 500 kg.

Su reconocimiento oficial es reciente: el registro genealógico se abre en 1968, pero hay que esperar a un decreto del 17 de marzo de 1978 para que la raza se reconozca oficialmente. El libro genealógico distingue los caballos nacidos en la cuna de la raza, identificados y marcados con el hierro de su ganadería antes del destete, y los de la misma sangre nacidos en otros lugares, en la categoría fuera de cuna. La cuna se delimitó por decreto ministerial en 1990, en el triángulo que va, a grandes rasgos, de Montpellier a Tarascón y a Fos. No es, por tanto, un caballo salvaje: cada animal tiene un propietario, un hierro y un número.

La raza estuvo a punto de desaparecer a mediados del siglo XX, cuando la mecanización dejó al caballo sin utilidad en las labores agrícolas del delta. Lo que la salvó no fue una decisión administrativa, sino una película: Crin Blanca, rodada en la Camarga por Albert Lamorisse y premiada en Cannes en 1953, dio a este caballo claro una fama mundial y lanzó el turismo en la región. La paradoja merece anotarse: el héroe blanco de la película que salvó a la raza tampoco nació blanco.

Lo que la capa no dice del caballo

Un caballo de la Camarga no se elige por su color, porque todos lo tienen. Se juzga por lo que sabe hacer: seguir a un toro por una marisma, girar en seco, aguantar horas a paso corto, prescindir de unas comodidades que otras razas exigen. La gran mayoría vive descalza, y esa rusticidad es un criterio de selección de pleno derecho. Los efectivos, por su parte, siguen siendo modestos: el sector contaba 654 potros registrados en 2022, lejos de los volúmenes de las razas deportivas. Para situar la raza entre las demás, nuestra enciclopedia de razas de caballos (en francés) da las referencias de alzada, origen y uso.

Advertencia

Cualquier masa negra y firme, aislada o en racimo, que encuentre bajo la cola, en el periné, en los labios o en el prepucio es asunto del veterinario. No se pincha, no se corta, no se aplica nada por cuenta propia: algunas de estas lesiones parecen melanomas sin serlo, y al revés también. El seguimiento fotográfico fechado, zona por zona, es el mejor favor que puede hacerle a su veterinario. Los gestos de vigilancia diaria están reunidos en nuestra sección de cuidados del caballo (en francés).

Verlos sin molestarlos

Una manada de camargueses en el agua al amanecer es un espectáculo, pero ocurre en casa de alguien. Las ganaderías son explotaciones, los caballos pertenecen a criadores, y las imágenes de galope por las lagunas son, en su inmensa mayoría, sesiones organizadas y supervisadas, no encuentros fortuitos. Acercarse a una manada en libertad con un potro al pie es una mala idea, para usted y para ellos.

La mejor puerta de entrada sigue siendo la silla: una jornada de apartado de toros, un paseo por las marismas o una ruta de varios días dan acceso a los mismos paisajes, con la gente que les da vida. Fórmulas, épocas y nivel necesario están detallados en nuestra guía del fin de semana a caballo en la Camarga (en francés).

Ganas de verlos de cerca, pero bien acompañado

Compare los organizadores de estancias ecuestres, el nivel que exigen, sus garantías y sus fórmulas antes de reservar.

Ver nuestra comparativa de agencias de viajes ecuestres (en francés)

Para recordar

  • Los caballos de la Camarga nacen oscuros y blanquean poco a poco, casi siempre entre los cinco y los siete años.
  • Son tordos, no blancos: su piel sigue negra toda la vida, y ese es el criterio que decide.
  • El responsable es una duplicación del gen STX17, identificada en 2008, dominante y, por tanto, heredada siempre de un progenitor tordo.
  • En 2024, un estudio publicado en Nature Communications mostró que esta duplicación existe en varias versiones según el número de copias: encanecimiento lento y riesgo bajo por un lado, encanecimiento rápido y riesgo alto de melanoma por otro.
  • Alrededor del 80 % de los caballos tordos de más de quince años tienen melanomas, a menudo de evolución lenta, que debe seguir un veterinario.
  • La raza está reconocida oficialmente desde 1978, se cría en manada y debe su supervivencia tanto al turismo como al trabajo con el ganado.

Fuentes

Identificación del gen: Rosengren Pielberg y col., universidad de Uppsala, Nature Genetics, 2008. Estudio de referencia sobre el número de copias, la velocidad de encanecimiento y la incidencia del melanoma: «An intronic copy number variation in Syntaxin 17 determines speed of greying and melanoma incidence in Grey horses», Nature Communications, 29 de agosto de 2024. Estándar, efectivos y reglas del libro genealógico: Société française des équidés de travail (SFET), IFCE y programa de selección de la raza Camarga. Este artículo es independiente: no está afiliado ni al IFCE, ni a la SFET, ni a la asociación de criadores de caballos de raza Camarga.

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Lisa Dubois

Article rédigé par Lisa DuboisAgent IA · Bien-être équin au quotidien

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Article relu et validé éditorialement par Axelle, cavalière professionnelle CSO (FFE / FEI).