Antes del motor, antes del vapor, las barcazas avanzaban con la fuerza de los caballos. A lo largo de canales y ríos, parejas de caballos de tiro arrastraban convoyes enteros desde la orilla. Este oficio, la sirga, marcó las vías navegables durante siglos antes de desaparecer casi en silencio a mediados del siglo XX.
Hoy a menudo solo queda el nombre: el camino de sirga, convertido en vía ciclista o ruta de senderismo. Pero detrás hay un capítulo importante de la historia del caballo de tiro y de sus usos de ayer y de hoy (ambos en francés).
La sirga, un oficio desde la orilla
Sirgar es hacer avanzar una embarcación tirando de ella desde la orilla con una cuerda larga. Para ello hacía falta un camino despejado y elevado a lo largo de la vía de agua: el camino de sirga. En la orilla opuesta solía haber un segundo camino, que se usaba según la corriente y el viento.
La técnica es muy antigua. Documentada ya en la Edad Media, crece a partir del siglo XV, cuando una mano de obra rural numerosa y barata se contrata a lo largo de los ríos. En el Ródano y sus afluentes, varios miles de hombres vivían de este oficio. El transporte por agua era entonces la forma más eficaz de mover mercancías pesadas: sal, grano, piedra, carbón, madera.
¿Por qué el caballo y no el hombre?
Durante mucho tiempo se sirgó a fuerza de brazos. Hasta los años veinte, la tracción por cuadrillas de sirgadores salía a menudo más barata que la tracción animal. Pero el hombre tiene sus límites, y en las grandes rutas comerciales se impuso el caballo de tiro.
El secreto está en la física del agua. En tierra, un caballo solo mueve lo que el rozamiento le permite. En un canal, la resistencia es mínima: una vez lanzada la barcaza, basta con mantener el movimiento. Por eso unos pocos caballos ponen en marcha cientos de toneladas, una proporción imposible en carretera. Por qué masa y fuerza de tiro no son lo mismo lo explicamos en nuestro artículo sobre la fuerza del caballo de tiro.
Sobre el agua, un tiro de caballos movía sin esfuerzo lo que diez caballos nunca habrían sacado de su sitio en un camino de tierra. Toda la fuerza del caballo de tiro al servicio de un deslizamiento casi silencioso.
El Boulonnais y el Ardenés, reyes del camino de sirga
No todas las razas de tiro se usaron en la sirga, pero dos destacaron: el Boulonnais y el Ardenés. Se elegían por tres cualidades que van juntas: fuerza, resistencia y, sobre todo, calma. Un caballo nervioso no habría tirado de forma regular durante horas por una orilla estrecha, a veces resbaladiza, pegada al agua.
Según la región y la vía navegable, otras razas echaban una mano: el Trait du Nord en Flandes, el Comtois en el este, el Percherón o el Bretón en otros lugares. El caballo pertenecía al barquero, que lo alojaba a bordo en una cuadra flotante, o a transportistas especializados con postas de relevo a lo largo de los canales.
Se conservan algunas imágenes de aquella época. En Amiens, en el departamento francés del Somme, los archivos municipales guardan una fotografía de 1890 (colección Maurice Duvanel) que muestra una barcaza arrastrada por caballos de tiro en el camino de sirga, en plena tierra del Boulonnais. Un testimonio valioso de una escena que entonces era cotidiana en todas las vías navegables del norte de Francia.
El tiro y sus peligros
Arrastrar una barcaza no se improvisaba. El caballo o los caballos iban sujetos a una cuerda larga atada a un mástil de sirga en la embarcación. Ese mástil tenía dos funciones: levantaba la cuerda para que el tiro no arrastrara al caballo hacia el agua, y se podía abatir para que la barcaza pasara bajo los puentes.
La cuerda era lo bastante larga para que el caballo no cayera al canal si daba un paso en falso. El conductor estaba siempre listo para cortarla en caso de accidente: un caballo arrastrado por el peso de una barcaza en marcha era una catástrofe segura. Según la carga se enganchaban dos o cuatro caballos, y los grandes convoyes de varias embarcaciones necesitaban tiros de ocho caballos o más, que avanzaban unos diez kilómetros al día.
Tonelajes impresionantes
La fuerza de un tiro de sirga se mide menos en velocidad que en tonelaje desplazado. Como orientación, esto es lo que conseguían los distintos tiros, aunque todo dependía de la vía de agua, la corriente y la carga:
| Tiro | Uso habitual | Carga orientativa |
|---|---|---|
| 1 caballo | Barca pequeña, poco tonelaje | Unas decenas de toneladas |
| 2 caballos (pareja) | Barcaza cargada en el canal | Alrededor de cien toneladas |
| 4 caballos | Gran tonelaje, corriente notable | Varios cientos de toneladas |
| Tiro de 8 caballos o más | Convoy de varias embarcaciones | Hasta 400 toneladas o más |
En algunos tramos se reunían hasta treinta caballos para sirgar un convoy de cinco o seis embarcaciones con unas 400 toneladas de mercancía. Un espectáculo de fuerza tranquila, bien acompasado, que marcaba la vida diaria de las orillas.
Boulonnais, Ardenés, Percherón, Comtois: caballos de tiro en venta en nuestros anuncios de Francia (en francés).
El declive: del vapor al motor
La sirga con caballos no desapareció de golpe. Fue retrocediendo poco a poco, desplazada primero por el vapor y después por las barcazas a motor. En 1935 todavía había en Francia casi 1.500 barcazas cuadra, embarcaciones capaces de llevar el caballo a bordo. La sirga a fuerza de hombres ya se había extinguido en los años veinte.
Los caballos, más resistentes y polivalentes, aguantaron más: hasta 1960 aproximadamente todavía se remolcaban barcazas con cuerda. A mediados de los años sesenta, el sistema desapareció por completo de las vías navegables francesas. En unas pocas décadas se apagó un oficio milenario, y con él todo el saber de las orillas.
Los caminos de sirga hoy
Las orillas no quedaron abandonadas. Sin su función original, los caminos de sirga encontraron una segunda vida: convertidos en vías ciclistas y rutas de senderismo, figuran entre los recorridos más apreciados para pasear o pedalear, del Canal du Midi al Canal de Borgoña.
En España la sirga también dejó huella. En el Canal de Castilla, construido entre 1753 y 1849, las barcazas cargadas de trigo avanzaban remolcadas desde los caminos de sirga, sobre todo por mulas. Hoy esos mismos caminos, entre Palencia, Burgos y Valladolid, son rutas de senderismo y de bicicleta.
El caballo, por tanto, no ha salido del todo de escena. El movimiento actual de la tracción animal, impulsado por asociaciones y municipios, vuelve a poner al caballo de tiro a trabajar: demostraciones de sirga histórica, turismo fluvial a la antigua, fiestas de barqueros. Así se mantiene viva la memoria de estos tiros, y se demuestra que el caballo de tiro sigue siendo un compañero de trabajo creíble, como muestran sus usos actuales (en francés).
El caballo de tiro, un patrimonio vivo
La sirga recuerda algo que se olvida pronto: la fuerza del caballo de tiro construyó una parte de nuestra economía, mucho antes que las máquinas. Las mismas razas que ayer arrastraban las barcazas, hoy a menudo amenazadas, llevan ese patrimonio consigo. Quien las redescubre entiende lo que es un gigante de tiro, conoce el peso real de estos caballos y aprecia la fuerza tranquila de un Percherón o de un Boulonnais.
El camino de sirga ya no es más que un sendero junto al agua. Pero basta cerrar los ojos para oír todavía el paso pesado y regular de los tiros que durante siglos arrastraron las barcazas por los canales de Francia.
Preguntas frecuentes sobre la sirga
¿Qué es un camino de sirga?
Un camino firme a lo largo de un canal o de un río navegable, por el que caballos, mulas u hombres remolcaban las embarcaciones con una cuerda. La mayoría son hoy vías ciclistas y rutas de senderismo.
¿Qué razas de caballos se usaron para la sirga?
Sobre todo el Boulonnais y el Ardenés, conocidos por su fuerza, su resistencia y su calma. Según la región, también el Trait du Nord, el Comtois, el Percherón o el Bretón.
¿Cuándo desapareció la sirga con caballos?
La sirga a fuerza de hombres termina en los años veinte. Los caballos siguen remolcando barcazas hasta 1960 aproximadamente, y a mediados de los años sesenta la sirga desaparece definitivamente de las vías navegables francesas, sustituida por el motor.







