Existe un lugar, en el extremo del Ródano, donde la tierra aún duda si convertirse en mar. La luz es rasante, el horizonte no tiene fin y el silencio solo lo rompe el golpeteo de los cascos en el agua salobre. La Camarga no se visita de verdad: se monta. Cambiar el coche por una silla durante un fin de semana es la mejor manera de comprender este delta salvaje, de las marismas a las playas desiertas.
La Camarga, un terreno de juego único para el jinete
Entre los dos brazos del Ródano y el Mediterráneo se extiende un mosaico de lagunas, carrizales, arrozales y praderas saladas. Este paisaje llano, barrido por el mistral, parece dibujado para el caballo: ni una valla a la vista, caminos de dique que corren rectos y ese agua omnipresente que invita al paso, al trote y, a veces, al galope entre las salpicaduras. Aquí se cruzan flamencos rosados por millares, los toros negros de las manadas y, por supuesto, los célebres caballos blancos que han dado fama a la región. Para organizar su salida, consulte los centros de paseos a caballo en la Camarga, desde Saintes-Maries hasta Le Grau-du-Roi.
El caballo camargués, nacido de la sal y del agua
Se le suele llamar el caballo de las marismas, y es una raza con identidad propia, entre las más antiguas del mundo. Su rasgo más singular es la capa: el potro nace castaño oscuro o negro y, con los años, se aclara hasta volverse gris claro, casi blanco, en la edad adulta. Pequeño pero incansable, rústico, criado en semilibertad en las manadas bajo la vigilancia de los guardianes, el camargués tiene el pie seguro en los terrenos más traicioneros. Es una montura de trabajo, forjada en el apartado del ganado, que hoy se ha convertido en la reina del turismo ecuestre de la región.
Una jornada en la silla, de las marismas a las playas de Saintes-Maries
Por la mañana se parte al paso a lo largo de las lagunas, a la hora en que despiertan las aves y la bruma todavía se aferra a las salicornias. A medida que sube el sol, el decorado cambia: los arrozales dejan paso a las dunas y, después, a la arena. El broche de un fin de semana camargués suele ser la playa. Galopar a la orilla del agua, por las largas playas salvajes de Saintes-Maries-de-la-Mer, sigue siendo una experiencia que pocos jinetes olvidan. La tarde se disfruta con más calma, descubriendo una manada, donde el caballo no es una atracción, sino una auténtica herramienta de trabajo cotidiana.
Manada, centro ecuestre o ruta: ¿qué fórmula elegir?
Todo depende de su nivel y de la experiencia que busque. Los centros ecuestres y granjas ecuestres ofrecen paseos de una hora o de media jornada, ideales para principiantes y familias. Las manadas abren sus puertas para inmersiones al lado del trabajo de los guardianes. Los jinetes experimentados optarán por la ruta itinerante de dos días, con noche en albergue o en tienda de campaña, para enlazar varios lugares y saborear la verdadera sensación de libertad. Para los más aventureros, la Camarga se presta también de maravilla al viaje en carromato tirado por un caballo, al ritmo tranquilo del paso.
Encuentre una manada o un centro ecuestre en la Camarga
Nuestro directorio recoge las estructuras ecuestres por región y por departamento.
Cuándo viajar y cómo preparar la escapada
La primavera (de abril a junio) y el inicio del otoño (septiembre y octubre) son las estaciones ideales: temperaturas suaves, una luz magnífica y mosquitos todavía soportables. El verano es posible, pero el calor y, sobre todo, los mosquitos pueden estropear la fiesta. Este detalle no es solo una cuestión de comodidad: la Camarga es una zona de riesgo para el virus del Nilo Occidental, que los mosquitos transmiten a los caballos. Si lleva a su propia montura, compruebe que su vacunación está al día antes de partir. En cuanto al equipamiento, prevea algo con que protegerse del sol y del viento, calzado que no tema al agua y paciencia: en la Camarga, quien marca el compás es el caballo, y también el paisaje.
Un fin de semana no bastará para desvelar todos los secretos del delta, pero sobra para enamorarse de esta tierra donde el caballo aún reina como señor. Y si le apetece prolongar la aventura, sepa que la región también se descubre muy bien en familia, a lomos de un poni para los más pequeños. La Camarga, al fin y al cabo, aún no ha terminado de hacerle galopar.







