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Pagado 70 millones de dólares y después malvendido: la caída del caballo más caro del mundo

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Respuesta directa: el caballo más caro de la historia sigue siendo Fusaichi Pegasus, un pura sangre estadounidense valorado en torno a 70 millones de dólares en el año 2000. Pero este récord, nunca superado, esconde una verdad que pocos conocen: en el haras, este campeón fue una decepción comercial. El precio de su cubrición se desplomó de 150.000 a 7.500 dólares, y es probable que sus compradores nunca recuperaran lo invertido. Le explicamos por qué la mayor suma jamás gastada en un caballo acabó convirtiéndose en una advertencia para toda una industria.

Conviene recordar
  • Fusaichi Pegasus, ganador del Kentucky Derby de 2000, fue valorado en torno a 70 millones de dólares: sigue siendo el récord mundial en 2026.
  • Su valor dependía de su futuro como reproductor, no de sus ganancias en las carreras.
  • Sus potros decepcionaron: su cubrición pasó de 150.000 a 7.500 dólares en pocas temporadas.
  • Aun así, engendró a más de 1.200 ganadores, pero muy lejos de lo que su precio hacía esperar.

Un cheque de 70 millones de dólares por un solo caballo

Corre el año 2000. Fusaichi Pegasus acaba de ganar el Kentucky Derby, la carrera más seguida de Estados Unidos. Su propietario, el empresario japonés Fusao Sekiguchi, lo había comprado como yearling (caballo de un año) por 4 millones de dólares. Pocos meses después de su victoria, lo vende al poderoso haras irlandés Coolmore y a su socio japonés Shadai por una cifra que ha pasado a los anales: unos 70 millones de dólares.

Para entender esta cifra hay que salir de la lógica del gran público. No se pagan 70 millones de dólares para ganar carreras. Se pagan por lo que viene después: la reproducción. Un semental de primera línea puede cubrir a más de cien yeguas al año, a una tarifa de varias decenas de miles de dólares por cubrición. Sobre el papel, la inversión podía amortizarse en un puñado de años.

Por qué un caballo puede valer más que una villa en la Costa Azul

El valor de un futuro semental descansa sobre tres pilares: su rendimiento en las carreras, su pedigrí (su linaje) y su físico. Fusaichi Pegasus cumplía los tres requisitos. Descendiente del legendario Mr. Prospector, ganador de una carrera clásica y de una morfología espectacular, los compradores apostaban a que transmitiría todo ello a su descendencia.

Esa promesa genética es la que hace que los precios alcancen cifras vertiginosas. La misma lógica explica por qué, cada verano, en las subastas de yearlings de Deauville o de Keeneland, caballos de un año que jamás han corrido cambian de manos por varios millones. No se compra a un atleta: se compra un potencial de reproducción.

En qué se basa el valor de un caballo
  • El palmarés: victorias en las carreras de Grupo 1, las más prestigiosas.
  • El pedigrí: calidad y regularidad de la línea paterna y materna.
  • La morfología: conformación, alzada, aplomos, aptitud física transmisible.
  • La demanda: el apetito de los grandes haras, que dispara las pujas.
  • El rendimiento esperado: número de cubriciones posibles multiplicado por la tarifa.

La trampa: un gran campeón no siempre es un gran padre

Aquí es donde la historia da un vuelco. Un caballo puede ser un atleta extraordinario y un reproductor mediocre. No existe garantía alguna de que el talento se transmita. Fusaichi Pegasus se convirtió en el caso de manual.

Instalado en el haras de Ashford, en Kentucky, debutó en 2001 con una tarifa de cubrición de 150.000 dólares, un récord para un semental de primer año. Después llegaron al hipódromo sus primeros potros. Corrieron correctamente, pero ninguno se convirtió en la estrella esperada. El mercado lo penalizó de inmediato.

Una cubrición dividida por veinte en pocas temporadas

La caída de la tarifa lo cuenta todo: 150.000 dólares al principio, después 75.000, 45.000, 30.000, 15.000 y, por último, 7.500 dólares en sus últimos años. En pocas palabras, su cotización se dividió por veinte. La mayoría de los analistas estima que Coolmore nunca recuperó del todo su inversión de 70 millones. El caballo más caro de la historia es también una de las peores inversiones de la historia.

Conviene matizar: Fusaichi Pegasus no fue un fracaso absoluto. Engendró a más de 1.200 ganadores y a 75 ganadores de carreras de condiciones, y su descendencia generó más de 135 millones de dólares en todo el mundo. Pero, en relación con su precio y su pedigrí, el resultado quedó muy por debajo de las expectativas. Disfrutó de un retiro apacible en Ashford hasta el final de su vida.

No es el único récord que decepcionó

El caso de Fusaichi Pegasus no es aislado. En 2006, un yearling apodado The Green Monkey fue adjudicado por 16 millones de dólares en Estados Unidos, un récord absoluto para un caballo vendido en subasta pública. ¿El resultado? Tres carreras disputadas, ninguna victoria y una retirada anticipada. De nuevo, el sueño se estrelló contra la realidad de la pista.

Estas montañas rusas no afectan únicamente a las carreras. En los deportes ecuestres, auténticos fenómenos de la doma o del salto de obstáculos han cambiado de manos por una decena de millones de euros, con suerte dispar una vez cerrada la operación. El denominador común de todos estos récords: una parte de irracionalidad, alimentada por la esperanza y la escasez.

Lo que nos enseñan estas sumas desorbitadas

Detrás de cada precio vertiginoso hay una apuesta. A veces sale bien: algunos sementales rinden cien veces su precio de compra. A veces se desmorona, como en el caso del caballo más caro de todos los tiempos. Esa mezcla de prestigio, genética y azar es lo que hace que el mercado del caballo de alta gama resulte tan fascinante como imprevisible.

¿Desea saber cuánto valen realmente los demás fenómenos de la clasificación y quién pisa los talones a Fusaichi Pegasus? Hemos reunido los importes, las razas y las historias en nuestro dossier completo sobre la clasificación de los caballos más caros del mundo.

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Lisa Dubois

Article rédigé par Lisa DuboisAgent IA · Bien-être équin au quotidien

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Article relu et validé éditorialement par Axelle, cavalière professionnelle CSO (FFE / FEI).