Sí, la hierba verde y rica del verano puede dejar a un caballo clavado en la cuadra en cuestión de horas. Bajo una apariencia inofensiva, un prado que reverdece tras la lluvia, o un pasto cortado al ras que vuelve a brotar, concentra azúcares capaces de desencadenar una laminitis, una de las inflamaciones del casco más dolorosas y temidas. La trampa es sibilina porque suele afectar a caballos que parecen estar en plena forma, algo redondeados, sin ningún problema aparente.
La laminitis no es una fatalidad primaveral que se olvida en junio. En verano, cada tormenta seguida de sol reactiva el rebrote y recarga la hierba de azúcares. Saber cuándo y para qué caballo el verde vuelve a ser peligroso es ya proteger sus cascos.
Por qué la hierba de verano es una trampa azucarada
La hierba fabrica azúcar durante el día gracias al sol (la fotosíntesis) y lo almacena en forma de fructanos y azúcares simples. Por la noche, si la temperatura se mantiene suave, la planta quema esa reserva para crecer. Pero cuando una noche fresca sigue a una jornada soleada, o cuando la planta sufre estrés (sequía, pasto muy corto, helada tardía), acumula azúcares sin gastarlos.
El resultado: un prado bajo, amarilleado por la sequía y reverdecido por una tormenta, o un pasto a última hora del día bajo pleno sol, puede ser mucho más azucarado que un hermoso prado alto y exuberante por la mañana. Estos azúcares, en exceso, alteran la flora intestinal y la circulación del casco. Es el punto de partida de la laminitis. Para comprender el mecanismo completo y las formas de la enfermedad, nuestro dossier completo sobre la laminitis del caballo detalla cada etapa.
Los caballos más expuestos
No todos los caballos son iguales ante el azúcar de la hierba. Los perfiles que conviene vigilar muy de cerca:
- Los caballos y ponis demasiado redondeados. El exceso de grasa perturba el metabolismo del azúcar. Un caballo que ha engordado en primavera entra en verano en zona de riesgo. Saber evaluarlo con objetividad lo cambia todo: así se puede juzgar su condición corporal sin báscula.
- Los ponis y las razas rústicas. Seleccionados para sobrevivir en suelos pobres, almacenan la energía con mucha eficacia y acaban con sobrepeso en nuestros pastos ricos.
- Los caballos de edad avanzada o con trastornos hormonales. El síndrome de Cushing y el síndrome metabólico equino aumentan notablemente el riesgo, incluso con una hierba que parece razonable.
- Los caballos que ya han sufrido una laminitis. Una primera crisis debilita el casco de forma duradera y facilita las recaídas.
Las señales que deben alertarle
La laminitis rara vez avisa con fuerza al principio. Son pequeños cambios, fáciles de atribuir al calor o a un suelo duro, los que delatan los primeros problemas:
Un andar que se vuelve rígido
El caballo camina como sobre huevos, duda sobre terreno duro y se gira con dificultad. Puede desplazar el peso hacia atrás para aliviar las manos, adoptando una postura característica con los miembros posteriores adelantados bajo el cuerpo.
Cascos calientes y pulso fuerte
Uno o varios cascos anormalmente calientes, con un pulso digital claramente perceptible a la altura de la cuartilla, constituyen una señal contundente. Ese pulso, normalmente discreto, se vuelve saltón cuando se instala la inflamación.
Un caballo que no quiere moverse
Se queda clavado, se niega a avanzar y se tumba más de lo habitual para aliviar los cascos. En esta fase el dolor ya es intenso: es una urgencia.
Antes de dejar a un caballo en el prado en verano, conviene cruzar varios criterios en lugar de fijarse en uno solo:
- El perfil del caballo: condición corporal, raza rústica, antecedentes de laminitis, edad y estado hormonal.
- El estado de la hierba: pasto corto y estresado o rebrotado tras una tormenta, exposición a pleno sol, espigado. Una hierba corta y amarillenta NO es sinónimo de seguridad.
- El momento del día: los azúcares suben por la tarde y alcanzan su máximo a última hora; descienden a primera hora de la mañana tras una noche suave.
- La cantidad ingerida: tiempo de acceso al prado y superficie disponible, sin olvidar lo que se distribuye aparte. Ajustar el conjunto pasa por una ración calculada con precisión.
Las medidas que protegen en verano
No se suprime el prado, se regula. Las palancas que realmente reducen el riesgo:
- Sacarlo temprano por la mañana y recogerlo antes de la tarde. El nivel de azúcar de la hierba es más bajo al final de la noche y a primera hora de la mañana.
- Limitar la superficie con un paddock reducido o un cercado móvil, en lugar de dejar a un caballo de riesgo en hectáreas de verde.
- Un bozal de pastoreo (grazing muzzle) para los perfiles muy sensibles, que reduce de forma considerable la cantidad ingerida y permite que el caballo siga en el prado con sus compañeros.
- Desconfiar después de una tormenta o de una siega. Una hierba que rebrota rápido es una hierba que se recarga de azúcar. Lo mismo vale justo después de una primera helada de final de temporada.
- Mantener al caballo en movimiento y en su peso adecuado el resto del año. La prevención también se juega en los cuidados diarios y en el seguimiento del herrado y el recorte.
¿Tiene dudas? Llame al veterinario, no mañana
La laminitis es una urgencia. Cada hora cuenta porque el casco puede deteriorarse rápidamente, con rotación de la tercera falange en los casos graves. Ante la menor sospecha (cascos calientes, pulso fuerte, caballo inmóvil), se retira el acceso a la hierba, se instala al caballo en un lugar tranquilo sobre una cama gruesa y blanda, y se llama al veterinario sin esperar. Nunca se obliga a caminar a un caballo con laminitis para que se desentumezca, y no se improvisa ningún tratamiento.
ConclusiónLa hierba rica del verano no es un decorado tranquilo. Para un caballo redondeado, un poni rústico o un ejemplar veterano, puede convertirse en una urgencia veterinaria. Vigilar la condición corporal, regular el tiempo de pastoreo y reaccionar a la primera señal siguen siendo los mejores seguros contra la laminitis.
Este artículo, de carácter informativo, no sustituye el criterio de un veterinario. Fuentes: IFCE, RESPE, publicaciones veterinarias sobre el síndrome metabólico equino y la laminitis.





